Ácido sin Ribonucleico

Caminando que es gerundio

15:04 Wilander Dávila 0 Comentarios Etiqueta:


Me encuentro, por una calle, a una chica, estudiante de bachillerato, con ganas de estudiar medicina. Al enterarse de que yo estudiaba esa carrera empezó a hacerme un montón de preguntas (entendiéndose por “un montón” las mismas que a mi me habría gustado saber cuando estaba en su situación). Le respondí lo más francamente que pude, sin crearle falsas expectativas, pero procurando no dejarme llevar por el maldito desencanto que año tras año voy acumulando. Ella me devolvía comentarios rebosantes de entusiasmo, todo lo que yo le contaba le parecía “guay”, “genial” o “de pinga” y, por supuesto, estaba decidida a entrar. Escucharla era como oírme a mí mismo algunos años atrás. Eso me hizo recordar que yo, hace no tanto tiempo, había estado tan ilusionado como ella. 

Es triste darse cuenta de que nada es como se espera o, al menos, como debería de ser. Ver las expectativas ahogarse en un mar de datos absurdos, actividades orientadoras leídas, prácticas de escasa utilidad y clases a las que se les podría atribuir cualquier calificativo excepto el de “magistrales”. 

Será tomar los años que quedan de carrera como un trámite tedioso que es necesario pasar para poder ejercer la profesión elegida. Al igual que el bachillerato, como otro trámite destinado a entrar en la carrera que se quería. ¿Y cuando me gradúe? ¿Qué pasará cuando me tope con problemas y contrariedades en el ejercicio de la medicina? ¿Empezaré a considerarlo otro trámite para llegar a la ansiada jubilación? ¿Dejaré de hacer el trabajo lo mejor que pueda para simplemente cumplir “lo justo”, con la disculpa de que el sistema me impide ser mejor? O qué se yo... ¿Será suficiente?

Seguimos caminando juntos durante un trecho y al llegar a una bifurcación cada uno tomó una calle distinta. 

Ya solo, camino a la burbuja, me dio por pensar lo genial que sería recuperar de nuevo el entusiasmo del primer año. Puede que las circunstancias, lejos de ayudar, me desmotiven más, pero creo que poner todas las esperanzas en el futuro es un gran error. Debería aprender a convivir con el presente, concebir la ilusión y el entusiasmo como estados activos al servicio, en lugar de entes erráticos y caprichosos que aparecen y desaparecen cuando se les antoja. Tampoco aplaudir focamente a clases infumables, ni quitar el derecho al pataleo porque las prácticas hayan sido un desastre, mucho menos mantener un optimismo ingenuo. "Alcanzar el horizonte es imposible, disfrutar del camino está en nuestras manos". Vivir el día a día con el mismo entusiasmo con que se mira al futuro y no posponerse la satisfacción para cuando acabe esto. La medicina.

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