Ácido sin Ribonucleico

Reflejo de ayer

16:06 Wilander Dávila 4 Comentarios Etiqueta:


Frente a la fría noche de ayer, todo lo que podía sentir se resumió al frío cemento que reposaba bajo mis nalgas y mis manos cubiertas con una gruesa capa de lana para protegerme, tal frío me recordaba a la frialdad de tus pensamientos pero...

Esta vez yo no tenía protección. 

El viento golpeaba mi rostro tan fuertemente que creí que me convertiría en un muñeco budú de cristal hasta ser quebrado por la suave ira de los vientos que susurraban tu nombre, mis cejas danzaban tan libre aunque cada fibra sabía que aún me encontraba cautivo en tu maldito pensamiento – que maravillosa y agridulce decisión–. 

Frente a aquella fría noche, que se reflejaba en el cielo cual espejismo perfecto, se deslizaban gotas como lágrimas aunque solo era el inicio y seguían así hasta rozar sus horizontes, donde la tenue luz provenía de una invisible luna... Mierda, incluso la luna había perdido su iluminación, como la luz que iluminó mi artefacto almático, perdido, reflejado en la extrema palidez de mi rostro demacrado, mis ojeras tan oscuras que se asemejaban a mis horas sin ti y el café de todas mis mañanas, hecho por mamá.

Mi respiración entrecortada y escasa como cuando te encuentras a pocos centímetros de mí, mis pensamientos perdidos en la belleza de aquel frágil paisaje, buscando tu rostro en cada lugar al que me dirijo, anhelando cruzarme con tu mirada tan pesada que podría confundirse con los pecados que cargaba sobre mis hombros y el mismísimo infierno incendiando mi ser pero cuyo fuego poco a poco se desvanecía como mi sonrisa al ver que te habías ido. 

Cómo desearía que hubieses permanecido allí, desearía que pudieras conocer la manera en que mis historias siempre terminan en ti, desearía sentir tu calidez como el ron que quemaba mis entrañas en aquellas noches de soledad, desearía no ser un lirio a flor de piel. 

¿Qué estoy diciendo? 

Oh, si tan solo pudieras escucharme. Soy tu lirio a flor de piel, soy adicto a ti y al agridulce sufrimiento. 

Te anhelo, te anhelo de la forma en que los pájaros desean llenar los espacios vacíos con su canto y abrir sus alas tan libres como la palabra misma, como un corazón necesita latir. Pero a la vez me invade un temor que ni los más horribles monstruos presos en la mente de cualquier desquiciado podrían causar. Te deseo como mi pequeño secreto, como la más valiosa obra de arte o el manuscrito de mi escritor favorito, solo para mí. Sentir como te fundes en mí en cada segundo que pasa, como un tatuaje sobre mi piel, ese que llevo en la pierna derecha. 

Te necesito como cualquier bastardo necesita smoke a media noche cuando solo le acompañan sus demonios y pecados. 

- ¿Qué pasa Wilander? - Preguntaban mis conexos en aquél parque.

En cada palabra que escapa de mi, la aborrezco. Sin duda, me confunde.

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