Ácido sin Ribonucleico

Dudas cuánticas

00:16 Wilander Dávila 7 Comentarios Etiqueta:


Las peores decisiones de mi vida las he tomado estando perfectamente consciente y racional. Quisiera tener el recurso de decir que tenía la mente nublada o perturbada por otra razón. Pero no puedo negar que, a pesar de que seguí una lógica impecable, irreprochable, la vida me tenía guardados varios trucos, la muy puta medicina. 

Entonces, a pesar de mi seguridad y aplomo para decidir ciertas cuestiones críticas, llegó el vaivén, el desdén, de la vida. La aleatoreidad que tal vez fue crucial para nuestro éxito como especie, pero que a mí simplemente me rompió todo el esquema. 

Así, a pesar de horas de pseudoanálisis de costo-beneficio, el resultado final fue que terminé en este berenjal, en una carrera que nunca me imaginé capaz de hacer y rodeado de gente que no sabe quién soy. 

Y todo va bien cuando dejo de pensar en ello. Pero cuando me acuerdo, me llegan unas depresiones de puta madre. Donde el cuerpo me pide cualquier cosa que sea un escape. Cualquier cosa. 

No me arrepiento de estudiar lo que estoy estudiando, ¡no! Claro que no.

Busca un vaso, hidrata tus células, prepara tus entrañas y lagrimea un ojo. Voy a contarte algo. 

Hace tiempo que le tengo ganas al Principio de Incertidumbre o Indeterminación de Heisenberg. Recuerdo el día que lo descubrí en uno de los libros de física que me agenciaba de vez en cuando gracias a mi papá. Lo leí de sopetón y aparté el libro para concentrarme en el vacío y asimilar lo leído, creí haberlo entendido mal y decidí releerlo más tarde cuando mi raciocinio estuviera “descontaminado” de lo leído.

Esa fue mi primera impresión, semejante disparate contradecía todo en lo que creía. Y es que en ese momento estaba en la primera fase de enamoramiento de la física y apenas empezaba a comprender la física clásica torpemente.

El principio de incertidumbre postula que, a escalas muy pequeñas, a nivel de partículas, es imposible saber con precisión y al mismo tiempo, la posición de una partícula y su velocidad (y masa ya que depende de la velocidad). Ya que cuanto más intentamos determinar su posición, más alejamos la posibilidad de conocer su cantidad de movimiento y viceversa. 

A priori, este razonamiento se contradice con la determinación de la física clásica y cuesta creer que Einstein entre muchos otros, estuvieran tan equivocados. Y es que lo primero que aprendemos de la física es que es determinista. Si algo me gustó de ella cuando empecé a conocerla era su determinación, su capacidad de aseverar postulados sin despeinarse, su búsqueda de la verdad sin medias tintas. Y parece ser que en cuántica el blanco y el negro no existen, y en su lugar hay un amplio abanico de posibilidades. Pero, ¿por qué sucede esta mierdecilla? 

La física clásica habla de que el momento actual de un sistema cerrado, determina indiscutiblemente su estado en el futuro. Y de hecho, es tan irrefutable, que enviamos naves a planetas lejanos de nuestro Sistema Solar prediciendo dónde y cuándo alcanzarán su objetivo dentro de varios años. Y funciona, -siempre que hagamos bien los cálculos- ¡Pero funciona! 

Sabemos exactamente dónde se encontrará Neptuno dentro de 30 años el 10 de febrero a las 16:00h. Y sabemos qué velocidad, qué cantidad de movimiento lineal estará empleando para desplazarse. No es de extrañar que nos cueste comprender la cuántica, que contradice todo eso al reducir la observación a nivel de partículas. 

Es decir, podemos saber dónde y cuándo estará Neptuno en cualquier momento, pero no podemos obtener la misma información de cada una de las partículas que lo componen. En su defecto, la cuántica nos dice que usemos una indeterminación y nos muestra un abanico de posibilidades entre las cuales se encuentra el momento y la posición de cada partícula de Neptuno, pero no nos dice dónde ni cuándo exactamente. Es lo que se llama una función de onda. 

Parece ser que como siempre, son los grandes genios de nuestro tiempo los encargados de darnos pistas de cómo afrontar estas contradicciones. Y ha sido Stephen Hawking el que me dio una pista de cómo afrontarlo sin perder mi credibilidad ni en la física clásica ni en la cuántica. 

Según Hawking, la Física Cuántica sí es determinista en sí misma tal y como lo es la física clásica, pero cabría la posibilidad de que toda esta aparente indeterminación se deba a que en realidad no existen las posiciones y velocidades de las partículas, sino que lo que existe, son ondas que vibran en constante movimiento y cambio. Al intentar ajustar dichas ondas a nuestras ideas preconcebidas de posiciones y velocidades absolutas, causaríamos nosotros mismos una indeterminación, dando como resultado un montón de probabilidades. 

Así que, el tan odiado Principio de Incertidumbre tal vez debería ser sustituido por una Determinación Cuántica Aleatoria en Función de la Onda, ¿no? 

Mejor seguiré con Medicina. La física me trae demente. Pero así somos. Maso(menos)quistas.

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7 comentarios

  1. Supieras que la indeterminación es precisamente lo que a mí me fascina de la física cuántica, bueno, lo poco que sé de ella.

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  2. Muy muy muy interesante.

    Sería posible que el ser humano tenga limitaciones para imaginar tanto a la vez, limitación de consciencia.

    Al Cerezo le pasa lo mismo cuando ve a una persona.

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  3. Oye Wil, ¨todo¨ esto es muy interesante y me gustaría saber cuál libro fué el qué leíste ???, me gustaría también leerlo. Gracias.... c: !!!

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