Ácido sin Ribonucleico

Hace un período

10:09 Wilander Dávila 8 Comentarios Etiqueta:


La vida era muy simple entonces: aún no era estudiante universitario, con una novia que follaba muy bien y con una cofradía de amigos "leales", compañeros de parrandas kamikazes. Había construido una vida en la que desterré el aburrimiento. 

Es el período que con más intensidad he vivido, lleno de descubrimientos, de viajes hasta tocar fondo con regresos cuesta arriba. Eran noches salvajes, llenas de retos a la muerte, alumbradas por los fuegos de artificio. Noches largas llenas de música y de humo de cigarrillo, e impregnadas de vapores etílicos, en las que se escuchaban las charlas más disparatadas entre mis cófrades. Conspirábamos todo el tiempo, y yo, encontraba siempre un plan coherente para cambiar radicalmente al mundo, para volverlo habitable e incluyente. 

Trataba de vivir de bote pronto, de llevar a la práctica el cliché de “juventud, divino tesoro”, de la salvaje juventud. Vivir con arrojo, azuzando a la muerte, caminando por la cuerda floja sin red de protección. Como si nada importara, con imprudencia e irresponsibilidad liberadoras. 

Vivía de espalda al futuro, atragantándome de presente, yendo al fondo, sin temor a los puntos de retorno, sino por el contrario, buscándolos, provocándolos. 

Cada decisión era binaria: todo o nada. No había espacio para las medias tintas. La tibieza era aborrecida, aplastada por la intensidad de la búsqueda de soluciones totales, irreversibles. Todo o nada. 

Pasaron los años, y con ellos fue aumentando el número de batallas perdidas, de daños colaterales y de caídos en el frente de batalla. Fui perdiendo las últimas esperanzas que me quedaban, los últimos referentes. Terminé volviéndome un escéptico de todo, un vagabundo de estrellas, un hijo de puta que enfrenta la vida con sarcasmo y cinismo. Que despotrica contra ella y contra el vacío, pero que ha perdido incluso la esperanza en la muerte. Así que navega, deriva, día tras día, con planes, sin pasado y sin futuro.

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8 comentarios

  1. La calma y el consuelo,

    la tempestad y el desenfreno.

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  2. Verónica Andrade19 de mayo de 2017, 10:56

    Así somos, una pirámide de hechos y situaciones...

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    1. Que se van integrando, una a una, segundo a segundo. Una tras otra. Para llegar a ser lo que somos, una materia inundada y repleta de infinitas gotas de lluvia.

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