Ácido sin Ribonucleico

Y fue tu corazón mi primer tambor de guerra

20:30 Wilander Dávila 6 Comentarios Etiqueta:


Como matrioskas del tiempo, las mujeres se alinean una tras de otra en el momento del parto. Cada mujer a la hora de parir, cuando esa nueva criatura ve por vez primera la luz, siente tras de sí a su madre abrazándola y susurrando palabras de aliento al oído, con las conciencias en sintonía, unidas madre e hija en el momento cumbre del cambio de titulación, en ese momento en el que hija y madre pasan a convertirse en madre y abuela, como manecillas del reloj que al ponerse en vertical mueven el engranaje que gira la cifra del calendario hacia el día siguiente. 

Pero detrás de una siempre hay otra, y otra, y otra. Como una sala llena de espejos enfrentados, la mujer en el momento del parto tiene la capacidad de sentir a todas sus antepasadas femeninas una detrás de la otra en perfecta sincronía. La abuela abraza a la nueva madre, y la madre de aquella, la nueva bisabuela, la abraza con ese amor que sólo una madre entiende. Y detrás de la bisabuela la tatarabuela, y detrás de ella todas las tatara-tatara-tatarabuelas, cada cual vestida con su atuendo de época, la tatarabuela con una elegante falda negra decimonónica y su madre, la tatara-tatarabuela, con unas enaguas que enaltecen el volumen de sus caderas. 

Mucho más atrás, en los reflejos pasados más lejanos que apenas si se aprecian por su pequeñez advertimos a una elegante dama cuyo corsé no la deja casi respirar. Aún más atrás la madre ve a una enfermera con un extraño tocado que bien parece el de una monja de las que aparecen en los momentos álgidos de una película de terror. 

Mucho mucho más atrás hay mujeres con stolas romanas, quitones griegos, con pieles, desnudas, hasta que la vista se pierde en antepasadas muy guapas. 

La mujer es el medio elegido para que los que nacemos recibamos la bienvenida al mundo en medio de un enjambre de sonrisas de todas las féminas que forjaron el firmamento de nuestro pasado genealógico. 

Siendo como somos la consecuencia de la descarga del placer, del esfuerzo, del sufrimiento, del dolor y de la sonrisa de las mujeres en el tiempo, no nos queda más remedio que revisar con nuevos ojos aquellas leyendas que hunden a la mujer en el abismo de la sumisión o la maldad. 

Y si me preguntan si existen los seres mágicos, yo respondería que sí. ¿Por qué acaso hay algún ser más mágico, que sea capaz de dar vida? Ni las hadas, ni las brujas, ni ningún otro ser fantástico puede crear algo así de real, y al mismo tiempo de extraordinario.

Así que, lo siguiente será algo exclusivamente para ella, se me hace más estable. Sé que te quedarás huidiza leyendo esto, lo sé, es algo muy poco usual, pero qué se le va a hacer, soy así de absurdo. Tan absurdo que quería ser el primero en felicitarte, el por qué, no lo sé, supongo que soy persona de retos estúpidos.

Porque siempre estás ahí para reconfortarme, porque sabes que la vida me va colocando obstáculos que tendré que ir superando sin tu ayuda pero con tu consuelo.

Al igual que las hadas, intentas que mis sueños se cumplan, anteponiendo muchas veces tus propios intereses a los míos.

Eres ese ser mágico que inundó su corazón de tristeza y preocupación, cuando viste lágrimas en mis mejillas por mi primer desamor, mi primer fracaso o por todos esos sentimientos de culpa. 

Tú, que leíste por mí cuando yo no sabía leer, pero que colocaste libros en mis manos cuando supe.

Gracias y mil gracias, no me cansaré de dártelas una y otra vez.

Por eso madre, quiero darte las gracias por ser mi hada madrina, mi ángel de la guarda, por tenerte a mi lado cada día, por tu paciencia, por tu amor, por tus abrazos, por tus besos y por tus palabras de aliento. Por todo esto y por mucho más que habré dejado en el tintero, te nombro el personaje más mágico y fantástico aquí en la Tierra y en el País de los Cuentos.

Y después de todo, pretendo felicitarte por tu cumpleaños y por tu día, pues hasta ahora, la felicitación no la he visto; así que ahí va: Muchísimas felicidades, mamá.

Seamos consecuentes y lancemos una sonrisa a aquella Eva y aquella Lilith, la mujer es mucho más que aquellas dos, es la representante del tiempo entre nosotros.

Por cosmos, o quién sabe quién la colocó allí, me tocó la mejor madre. 

¡La amo!

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6 comentarios

  1. Me encantó como de un plano general pasó a uno personal.

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    1. Una similitud de esa delgada línea entre querer pasar el rato y querer pasar la vida...

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  2. Muy acertado, muy inspirador, nuevamente: ¡me encantó!

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    1. Gracias Heila. Tornándose algo oportuno, también me encantó "Infinitas estrellas" de tu blog. Bonita reflexión.

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  3. Hijo!, que feliz me haces sentir al leer estas expresivas palabras de amor, cariño, respeto hacia mi que soy tu hada madrina y ángel de la guarda, le doy gracias a Dios por haberme dado un hijo como tu maravilloso, inteligente, educado y muy detallista. Recuerdo tus travesuras, como cuando me partía los huevos pensando que eran pelotas y me reía porque eras inocente, comenzando a dar sus primeros pasos, cuando por la ventana lanzaba las papas y plátanos en casa de su tía Dulce, todo eso era motivo para sonreir por ser mi niño consentido y adorado. Mi mayor deseo es verlo graduado de médico con el favor de Dios y la Virgen, éxitos Wilander. Gracias por este escrito, yo también te amo y soy la mujer mas orgullosa del planeta por ser como eres :*

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    1. Mamá, has revelado dos de los grandes secretos de mi infancia... ¡Hahahaha!

      Te amo.

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