Ácido sin Ribonucleico

El vértice del deseo

00:57 Wilander Dávila 0 Comentarios Etiqueta:


Para qué te voy a mentir. Es muy linda. El cabello le llega casi a la cintura, es claro, muy claro. Tiene una sonrisa psycho killer que en el contexto de su cara te hacía suspirar aunque estés debajo del agua. Era imposible no mirar sus fotos. Dolía. Ese dolor como cuando miras fijo al sol. Que lagrimeas pero te gusta y que cuando bajas la mirada el resto del mundo ya no se ve igual, se ve azul y medio triste. Bueno eso pasa con esta chica. Cuando la ves bien, pero realmente bien.

Es como un tarro de miel y un volcán, un tornado o un huracán. Un péndulo que oscila entre la vida y la muerte. La calma y el consuelo, la tempestad y el desenfreno. El inicio y el fin, confundidos en el mismo punto. Cruce de caminos, el motivo de mis desatinos. El lugar secreto, el vértice del deseo. Todo eso y mucho más.

El tiempo-espacio se deforma, y los acontecimientos siguen otras leyes cósmicas. Son como pasajes a universos parelelos, inasibles por lejanos y absurdos. Están hechos de retazos de realidad unidos por un hilo surreal. Tienen vida propia en el sótano de la mente. Nos acechan, se transforman, nos morderán en el cuello, al descansar la cabeza en nuestra almohada.

Grey:

Asómate un poco dentro de mí. Sé que está oscuro, frío, y algo neblinoso, pero no está del todo vacío. Ni silencioso: suenan esas canciones que me divulgas, y huele a una mezcla de inseguridades pero capacidades.

 Anda, da otro paso a mi interior, casi nadie viene por aquí, es un lugar apartado, un callejón en una ciudad lluviosa, que se convierte en un laberinto del que me cuesta salir. Sigue caminando, no te detengas, pero no pierdas de vista el camino de regreso, la salida. 

Con la derecha sostén el café, con la izquierda dame la mano.

¡Vayámonos a Júpiter!

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