Ácido sin Ribonucleico

Hasta su cuello

01:10 Wilander Dávila 2 Comentarios Etiqueta:


La luz de la luna llena buscaba la manera de colarse entre las cortinas blancas para iluminar la habitación, las sábanas de un distinto color nos rodeaban y adornaban su cuerpo que solo se cubría por pequeñas prendas confeccionadas en suave ropa interior color de noche, resaltando su pálida piel, y sobre ella un vestido rosado, de tela sedosa. Aquella cama en que solía recostarme poseía un sabor diferente. Hubiese querido una suave venda de satín para cubrir sus ojos, sin dejar ni una sombra a la vista, y que solo pudiera esperar el momento de mi llegada. Todo se hallaba en absoluto silencio exceptuando el sonido de las agujas del reloj pasando en aquel reloj, mi reloj. Me encontraba algo nervioso, ese tipo de nervios que sabes que luego se convertirán en algo más placentero. Sonaba algo de Stolen dance, bastante armonioso y que me calmaba, siempre amé sentir las ondas de la música vibrar en mí. Hasta que la besé, permanecí quieto por unos instantes y luego decidió subirse sobre mí. Sentí su cálido cuerpo posarse a mi lado, besé su cara y tomó mi mano indicándome que me levantara. Deslizó la manga sobre su piel casi tan suave como la tela con que estaba hecha hasta dejarla caer en el suelo quedando solo en ropa interior mientras besaba su cuello. Mi respiración ya comenzaba a entrecortarse y mi corazón esquivaba latidos, le di la vuelta y estando frente a ella la besé trazando el viaje de sus labios desde los míos, pasando por su abdomen hasta terminar en sus muslos. Me detuve cuando tomó mi cabello. Me reincorporé y con un leve empujón terminé recostándola sobre aquella fría cama nuevamente quedando sobre ella. Deslizaba sus manos sobre mi espalda haciéndola sentir cada vez más parte de sí y por un momento se detuvo abruptamente, creí que se iría pero en los próximos segundos comencé a sentir el roce sus labios, no existía mayor placer para el tacto de mi piel que ese roce. No debía hacer gran esfuerzo para lograr su cometido y en pocos segundos logró tenerme como sabe que me gusta. Acaricié su cabello y luego lo tomé fuertemente tirando de él hacia atrás, jugando a tentar con su aliento que deja mi piel ardiendo en donde se posa. La solté, podía sentir como su entrepierna se humedecía. Deslicé mi dedo por sus labios para luego sentir mi mano en su rostro aumentando un poco más la fuerza con que lo hacía, esta vez decidí deslizar mi mano a su cuello, le pedía desde mis pensamientos que decidiera tomar mi cuello con fuerza y así lo hizo. Dejó escapar un pequeño gemido. Deslicé mis manos a sus caderas y luego a su entrepierna donde rocé con sus dedos para luego abrir sus piernas con suavidad. Volví a tocar su entrepierna sobre su ropa interior un poco más rápido que antes mientras besaba su cuello y ella rasguñaba mi espalda levemente. Descubrí que yo ya no tenía prendas encima por lo que llevé mis dedos a su boca para que los lamiera. Estaba descubierto para ella. Comenzó a jadear mientras dejaba escapar pequeños gemidos en mi oído y yo no hacía más que arder en el deseo de que me hiciera suyo. Se levantó al cabo de unos minutos y se sentó en la cama así se colocó luego en mi regazo, acaricié sus muslos y le propicié un golpe en la parte alta de los mismos. Con cada roce de mi mano con sus glúteos sentía como cada vez se ponía más húmeda y yo cada vez más duro. Le susurré, a escasa sonoridad, que tenía una sorpresa por lo que la voltearía durante un momento. Me miró a los ojos con lujuria y se mordió el labio, acercándose a mi. Jamás había visto tanto deseo en alguien, me hacía desearla más. Quería sentirlo entero dentro de ella. Disfrutaba tanto verla disfrutar, tomaba sus pechos y ella gemía cada vez más fuerte respondiendo a los movimientos que le hacía. Cuando estaba cerca de alcanzar me detuve, me acerqué a ella y la até a la cama con las piernas totalmente abiertas, en esa posición comencé a follarla hasta que pude sentir como mi líquido caliente inundaba su abdomen, su ombligo y hasta su cuello y dejó escapar varios gemidos, luego de que lo hiciéramos dos veces, grité a Júpiter cuánto me encanta esta chica. 

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2 comentarios

  1. Pude sentir cada palabra vibrar dentro mi alma , y puedo asegurar que desde el principio hasta el final de esa maravilla que escribiste ,me sentí aquella persona a quién tomaron , me encantó ��

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