Ácido sin Ribonucleico

Clavículas de acero

22:46 Wilander Dávila 1 Comentarios Etiqueta:


Intentaré volcar en palabras la sensación de inquietud que hoy brota en mí. No sé si es melancolía, ansiedad o soledad. O una mezcla de las tres. Es una sensación que, en primera instancia, me impulsa a querer desaparecer. Pasado ese punto, se convierte en la idea, clara y nítida, de que soy un espectador de lo que le ocurre a otra persona. Una especie de desdoblamiento. Ese estado se activó desde que se fue. Empecé a caminar en círculos por la habitación. Buscaba y cambiaba las canciones: The Rolling Stones, The Beatles, Aerosmith, Nirvana. Así sucesivamente. Buscaba en el ropero a una flaca, con clavículas de acero, alas de mariposa, entrepierna con una galaxia donde reposa un microcosmos con sus propias leyes, de atracción, de creación y destrucción. En esa galaxia el tiempo se vuelve viscoso y dulce como la miel. Espacio compacto, húmedo, laberinto eterno. Esa galaxia guarda el infinito donde se enredan mis dedos y mis sueños. ¡Big Bang! ¡Big Bang! Un universo se crea y se destruye en esa porción de espacio-tiempo que es la galaxia en esa entrepierna. A veces, es una negra chamuscada. Negra como la noche. De esas que intimidan, por sus estrellas. Decido vaciar un par de cervezas que tenía guardadas en el congelador, para buscar en el fondo: tampoco la hallé. decido ver lo más alto de mi habitación, pues ese cuadrado blanco, inanimado, algo manchado, me ayuda a pensar. “¿En qué momento dejé mis ganas de vivir? ¿Cuándo las usé por última vez?” Entonces sentí de pronto la certidumbre de que nunca había tenido ganas de vivir. Y eso me tranquilizó, y no volví a preocuparme por ellas otra vez. Por fin la encontré. Allí, en una conversación. Tendremos que acostumbrarnos. Pero, me regaló días tolerables. Nos queda la sensación, la punzada en el pecho, de que ese sentimiento de tranquilidad es efímero pues volverá la certeza de la vacuidad de la vida, en blanco y negro, fría y devastadora, para posarse en nuestros ojos, en nuestra mente, como un cuervo en una noche gélida de luna llena. Nos recorrerá las venas, nos devastará por dentro. Y entonces no habrá más hacia dónde huir, que vernos y encontrarnos. 

 Nuevamente.

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