Ácido sin Ribonucleico

El lugar no importa

11:40 Wilander Dávila 0 Comentarios Etiqueta:


Una joven bajita. Blanquita. Con prominencias óseas bien definidas, de esas que consiguen seguidores con los avatares de twitter. Ojos oscuros, enmarcados por su cabello oscuro que oculta su mirada. Su cara es agradable pero su semblante triste. Tal vez, por eso, nos llevamos muy bien. Sólo le pide al mundo rock y unas cuantas monedas para ir por más cervezas. Tiene pocos años. Su alma le pesa cuarenta y dos gramos y creo que es alcohólica desde los quince. La hija que todo padre no querría tener. Pero la chica con la que se puede debatir cualquier punto galáctico. Se va a requerir gran consumo intelectual. Y ahí estaba yo. A las tres de la mañana. Medio dormido. Escuchando la primera lista de reproducción que aparece. Suena Wish You Were Here, invitando a caminar por el lado salvaje de la vida, narrando una historia inspirada en un sentimiento de nostalgia por la ausencia de un amigo y dedicada al antiguo miembro de la banda, Syd Barrett, que dejó la misma en 1968 por problemas mentales derivados del consumo de drogas. En la transición se escucha el sonido de una radio cambiando de emisoras, y finalmente se detiene en una donde Wish You Were Here comienza. También suena un chillido casi inaudible que cambia lentamente de tono, como si estuviera recibiendo interferencias de radio AM. Suena la guitarra acústica en sonido real. Pink Floyd ha enviado más personas al espacio que la misma NASA. Me voy. O mejor, nos vamos. Vayámonos, Yoselin. Dicen que Saturno tiene unos anillos preciosos que lucirían perfectos en tus manos, y que en Neptuno podemos surfear sin tabla en unas olas mágicas que están esperando para que tú y yo las conquistemos. Aunque lo de moda es Júpiter que es como un Ibiza interplanetario y sirven los mejores Gin Tonics de la vía láctea. De Marte mejor ni hablemos, descartado, los alíens se creen superiores a los humanos y sólo tienen permitido practicar sexo tántrico. No nos va. No sé. Vayámonos a algún lado juntos, el caso es huir. Salir huyendo de la vida llena de rutinas. Del amor sin libertad. Espantar el pasado y eludir los futuros en los que no estés tú. Escapar de la poesía cliché que no tiene más argumentos que los abismos y los vasos medio vacíos. Escabullirse de la hipocresía hecha personas. Desertar de mí mismo y escaparme de mi sombra cuando no tenga ganas de huir. Evadirse de los noticieros que se llenan los bolsillos mostrando la porquería en la que se ha convertido el ser humano y ni tú ni yo podemos hacer nada para evitarlo. Está decidido. Ya tengo mis botas de running preparadas; son negras, como la conciencia de los políticos de mierda. Son mejores que las de Marty McFly. Muy bonitas. Quiero escapar, salir huyendo. Quiero encontrarme y encontrarnos y que nos encuentre juntos el fin del mundo. Lejos de todo y de todos. 

El lugar no importa.

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