Ácido sin Ribonucleico

Asómate un poco dentro de mí

14:31 Wilander Dávila 0 Comentarios Etiqueta:


Para qué te voy a mentir. Es muy linda. El cabello le llega un poquito más abajo de los hombros, es oscuro, como castaño oscuro. Tiene una sonrisa psycho killer que en el contexto de su cara te hacía suspirar aunque estés debajo del agua. Era imposible no mirar sus fotos. Dolía. Ese dolor como cuando miras fijo al sol. Que lagrimeas pero te gusta y que cuando bajas la mirada el resto del mundo ya no se ve igual, se ve azul y medio triste. Bueno eso pasa con esta chica. Cuando la ves bien, pero realmente bien.

El tiempo-espacio se deforma, y los acontecimientos siguen otras leyes cósmicas. Son como pasajes a universos parelelos, inasibles por lejanos y absurdos. Están hechos de retazos de realidad unidos por un hilo surreal. Tienen vida propia en el sótano de la mente. Me acechan, me transforman, me muerden el cuello, al descansar la cabeza en mi almohada.

Y un día le dije: Asómate un poco dentro de mí. Sé que está oscuro, frío, y algo neblinoso, pero no está del todo vacío. Ni silencioso... 

Aún lo recuerdo...

Era un domingo, de aquél ni pendiente año, de aquél ni pendiente fin de año. Quería llenarle con chocolate los huecos, esos que va dejando la certeza. Morenita y bonita. Secreto y tesoro. Secreto que se devela en temblores húmedos. Un maremoto compacto y lleno de luz. Así es ella. ¿Quién lo iba a imaginar?

Llegó a mí como un meteoro, un evento impredecible que escapó a los pronósticos del clima. Me encontró con la guardia baja, sin ánimos de resistir. Y fuimos tejiendo juntos una red que al principio parecía amorfa, y que poco a poco fue cobrando forma para cubrirnos por completo. 

Creo que un día la vi rojita, pero es la súbita afluencia de sangre a su cabeza. Entonces esquivo el torbellino de la caída en espiral. Floto con las tablas del aislamiento y del auto-abandono. Habito una ostra mental, un estado solitario. Aún hay tinta saliva y humedad, aún queda un aliento tenue que centellea, tímidamente. Una chispa apenas, la semilla de un gran fuego. 

Sustituimos las caricias por algo más. Que no saben igual, pero curan mejor. Fue dentro de un carro, con oscuridad, pues el roce de nuestros labios emitía la chispa de un fuego que letalmente nos abrasaba. Esa noche era un fuego renovador que destruía viejas huellas, de amores que pasaron por nuestras pieles. 

El fuego hacía crujir nuestros cuerpos, arañando el manto de silencio nocturno, que acababa de romperse con el rumor agitado del deseo cumplido. Ese fuego dejó brasas en nuestros ojos que brillan en la oscuridad, de estas noches ordinarias que no volverán a ser igual. 

No queríamos resistirnos a la deriva de las olas que veíamos crecer en el vaivén de nuestros cuerpos. La miraba a los ojos buscando un asidero, aunque estaba claro que íbamos en caída libre, en una espiral mortal de un deseo desenfrenado y prohibido. 

En la sombra fuimos construyendo algo que no estábamos seguros de lo que era. Sólo sabía que parecía un oasis, un sueño dulce y agradable del que no quería despertar. La realidad, benevolente, nos daba tregua, y dejaba que echáramos a volar cometas: metáforas de sueños ambiciosos, que competían con los sueños infantiles por su temeridad y fortaleza a toda prueba. 

Cada vez era más agotador el regresar a la normalidad, a la vida cotidiana. Entonces, de común acuerdo y en un arranque de sensatez, nos dijimos adiós, extirpándonos del cuerpo y de la mente, un órgano aún no identificado, pero que aún nos duele, con el dolor fantasma del miembro del cuerpo amputado. 

Hoy caeré en la tentación de recordarla. Y ya sé como. Creo que escucharé "Qué bonito" de Rosario Flores. O caeré en la tentación de cerrar los ojos para volver a verla. De recrear el sabor de ese beso, de esos abrazos. Cerraré los ojos, esperando escuchar de nuevo su voz, entrecortada por los debates del placer. Cerraré los ojos para recrear la imagen de su cuerpo, atravesado por una tormenta eléctrica. Hoy me dejaré caer nuevamente por la espiral a donde me lleva su recuerdo. No nos hemos vuelto a ver, ese dolor fantasma es ella en mí. Es la tentación de su recuerdo... El recuerdo donde me siento cómodo.

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