Ácido sin Ribonucleico

La máquina de follar

21:55 Wilander Dávila 0 Comentarios Etiqueta:

Ella me provocaba algo diferente en el estómago cuando la veía. Es una tipa guapa, pero tenía algo en su forma de mirar. Quizá era la suciedad que emanaba esa noche. No podía ocultarla. Cuando pasaba un chico llamativo a sus sentidos frente a ella, era capaz de incomodarlo con sólo verlo. No necesitaba decir una sola palabra para cohibirlo, la perversión que emanaba cuando hablaba conmigo, cuando se mojaba los labios y la mirada... Sabía que la deseaba, que si por mí fuera, la desnudaría y la abriría de piernas, la penetraría tan hondo que gritaría de dolor y al mismo tiempo gozaría tener mi erección adentro. Esa noche me enfunde en un pantalón bonito y al verme llegar con él, no sé si me lanzó esa sucia mirada. Soltó una mirada muy escueta, pero una risa morbosa se asomó. Es tan pervertida que no me quitó la mirada de los labios, inclusive los tocó sutilmente. Mientras bailábamos, nos dimos un beso, que después fue un lengüetazo. Por primera vez, a mis 23 años, alguien había mojado mis bóxer, esos bóxer unicolor, cortos, sin figuritas de Bob esponja y ni siquiera lo planeé. Su actitud hacia mí era diferente cada vez. Si llegaba con mucha ropa ella me ignoraba, pero si llegaba haciendo gala con un buen pantalón tenía su atención entera. Me cansé de ver su absurda y asquerosa mirada encima de otros hombres, yo quería toda su perversión, aunque fuera mi compañera de quirófano, ya no me interesaba su labor como compañera, necesitaba su morbo y su afecto, sus caricias y su vagina. Lo necesitaba ya mismo. Me dispuse a ser suyo de la manera más sucia posible. Sin dar muchas vueltas, lo solté: “quiero hacerte el amor". Ella sonrió y nos fuimos a una habitación que nunca pagamos. Cerré la puerta y me acerqué. Yo esperaba un beso profundo y caliente. En cambio, obtuve un jalón, me volteó y con un pie separó mis piernas. No recuerdo con exactitud cada movimiento pero creo que yo bajaba el cierre de su pantalón. Introduje mi mano para sacar mi miembro y la besé mordiendo sus labios tan fuerte que no sé si sangraron un poco. Entonces, entre mi desconcierto y su veloz reacción, no pude hacer nada sino asustarme. Ella ya tenía sus pechos afuera y yo únicamente la dejé caer. Pasé mi lengua suavemente sobre su entrepierna mientras mis manos se paseaban por sus pechos. Unos lindos pechos. Le introduje y con lentas pero fuertes embestidas la hacía rebotar sobre la cama y sentí un enorme placer del que sólo pudo emanar un pequeño grito ahogado. De pronto, empecé a palpitar sin moverme ni un poco y ella seguía hasta que inminentemente llegué al final. Sin decir ni una palabra, me subí el cierre. Supongo que sólo se arregló su ropa, se limpió lo que le había dejado en las piernas y salimos.

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